España es un continente en miniatura. En un mismo martes de enero puedes esquiar con -4°C en el Pirineo oscense, soportar rachas de Cierzo helador en Zaragoza y bañarte al sol a 23°C en el sur de Gran Canaria.
Por qué la altitud manda en la cota de nieve
La mitad de nuestras capitales de provincia superan los 600 metros sobre el nivel del mar. Ávila pasa de los 1.130 metros, Segovia y Soria rondan los 1.000 metros, y Madrid capital está a 657 metros. Cuando entra una masa de aire polar o ártico y la cota de nieve baja a 700 metros, el tráfico en la AP-6, la A-1 o el puerto de Pajares cambia por completo en media hora.
Cierzo, Tramontana, Levante y Calima
Tampoco se entiende nuestra meteorología sin sus vientos con nombre propio. El Cierzo limpia los cielos del Valle del Ebro pero hiela la sensación térmica; la Tramontana agita el norte de Girona y Menorca; y en Canarias o Andalucía oriental, el viento del sureste arrastra calima sahariana que tiñe el cielo de naranja y dispara las partículas PM10.